Pintando pieles

Al pintar una miniatura, ya sea un vehículo, un humano o una criatura, hay un momento en el que todos nosotros disfrutamos más o menos. Hay partes en las que darías mil capas si hicieran falta. Sin importar el tiempo. En cambio, hay otras partes o elementos de las miniaturas, que las pintas cuanto antes para quitártelas de encima rápido.

En mi caso, debo confesaros que no puedo con las correas y cinturones. Ya sea porque en algunas miniaturas de 28mm, a veces es difícil distinguir las correas del uniforme, o bien porque son elementos poco atractivos para mis pinceles, y el tiempo que invierto con ellos en dichos elementos.

Pero no quiero que este post, se convierta en mi paño de lágrimas acrílicas, y que vosotros seáis el hombro sobre el que llorar. Más bien quisiera hablaros del momento en el que mejor me lo paso pintando. De esa parte en una miniatura humana, en la que podría dar capas y capas (¡muy finas!) y las horas pasarían volando. Una parte que, con el tiempo he aprendido a trabajar más detenidamente, y a prestar especial atención: la piel.

Vengo del mundo del wargame, en el que pintar rápido para tener la miniatura lista cuanto antes, es casi una regla no escrita. Eso si quieres jugar con un ejército pintado, y no ser el lord comandante de una marea gris.

En muchas ocasiones, debo decirte que esa rapidez ha restado calidad al acabado final de mis miniaturas. O simplemente, el haber pensado más en terminarla que en disfrutar del proceso, no me ha hecho sentir que había pintado algo especial.

Llegados a este punto, un buen día algo en la cabeza me hizo “clic” y pasé de querer completar a toda prisa ejércitos, a dedicar tiempo a cada una de las miniaturas que lo conformaban.

Y es aquí donde me fijé en lo importante que era la piel (humana o no) de una miniatura. Quizá con la primera capa, la base más oscura, no se perciban ciertos rasgos que a posteriori, serán decisivos en la expresión del personaje. Pero en las siguientes capas, cuando empiezas a dar forma a la faz a base de pincel, nace el personaje.

A veces ocurre una cosa, y es que la miniatura haya sido modelada de una manera exquisita. La cara expresa ya un mensaje, lo tiene más que claro. Así que con esforzarnos un “pelín” en la fase de pintura, el éxito está casi que asegurado. 

Pero en otras ocasiones, aunque la figura esté bien modelada (hoy en día, necesita de nuestra ayuda para definir cuál es el mensaje que quiere enviar. Digamos que, en ese caso estamos ante un lienzo en blanco: ¡y es genial!

Sea como sea, con las primeras pinceladas comienzan a verse los primeros rasgos de nuestro personaje. Un tipo (o tipa) enfadado, asustado, contento, furioso o triste. Y aquí amigo lector, es donde el reloj en mi estudio de pintura, se para.

La magia que aún se escondía por entre los botes de pintura, caprichosa a más no poder, se despereza y toma el control de mis pinceles. Es en ese justo momento, en el que vuelvo a ser aquel niño de 13 años, alucinando con sus “Warhammer” en casa de sus padres.

Lo paso tan bien pintando pieles, que soy consciente de la pérdida de tiempo que a veces me conlleva. Me centro en la piel de la cara, y en pintar unos ojos que envíen un mensaje. No me olvido de las manos, aun que una vez volcada toda la magia en la cara, hay veces que paso de refilón por encima de esa parte, que también considero vital en una figura.

La piel da vida al personaje que encarna la miniatura. Un objeto inanimado que, aunque nunca será de carne y hueso (lo siento amigo mío), si te dará horas y horas de entretenimiento y hará que tu mente vuele a donde quieras. 

No soy el mejor pintor de pieles, ni mucho menos. Que sea la parte de la miniatura que más disfruto pintando, no me convierte en el pincel dorado de la piel (¡ojalá!). Pero quizá, el interés que me provoca y en consecuencia, las horas que invierto practicando esa parte de mis miniaturas, me han enseñado a disfrutar más del camino hasta completar un ejército, con cada una de las miniaturas. Olvidando así las prisas por terminar un proyecto.

Y entre horas de práctica, pinceles y botes de acrílicas, también hay algo fundamental y de lo que todos tenemos, o deberíamos tener. Te hablo de la inspiración que nos traen otros compañeros de hobby. Artistas que comparten una misma afición y con los que, aun sin conocerlos en persona: creamos cierto vinculo creativo.

En mi caso, llevo años siguiendo el trabajo de Eduardo Fernández Rodríguez. Desde un enfoque profesional, podría decirte que Eduardo es el responsable del área de figuras de Ak Interactive, y el director de la revista TINT INC. Pero más allá de unos títulos “nobiliarios” ganados a pulso, Eduardo desde mi punto de vista, es uno de los pintores que mejor definen y recrean la piel humana (¡y lo que no son pieles!). Si ves alguno de sus trabajos, podrás comprobar de que hablo. 

Y aun que vale más una imagen que mil palabras, hay veces que merece la pena entender el trasfondo de lo que estamos viendo. Pararte un momento, observar y leer cual ha sido el proceso hasta llegar a lo que nos ha impactado tanto. Es por ello que, para que entiendas mejor mi pasión por pintar pieles, y porqué me inspiran los trabajos de Eduardo, contacté con el artista por si me echaba una mano en este artículo.

No lo dudó ni segundo. Armado con su teclado se puso manos a la obra, y me hizo llegar un material que a continuación, comparto contigo.

Eduardo Fernández

Existen muchas formas de afrontar un trabajo, hay quien prefiere ir cerrando zonas, hay quien necesita ver un conjunto general del color o sencillamente prefiere los oleos a los acrílicos. No existe una forma correcta de trabajar, porque todas ellas lo son. Siempre he defendido que cada modelista debe elegir el camino en el que se sienta mas cómodo e intentar exprimirlo hasta sacar el máximo partido. En mi caso soy de los que elige el acrílico y de los que deben cerrar una zona para comenzar otra.

Lo primero es sencillamente por comodidad, la pintura acrílica me ofrece una versatilidad e inmediatez que otros medios pictóricos no me facilitan. Lo segundo supongo que es por algún tipo de tara mental, que no permite concentrarme hasta no terminar lo que he empezado, sencillamente no puedo pasar a otra cosa acabar la anterior.

Cuando se pusieron en contacto conmigo, me pidieron una reflexión sobre la pintura de la piel. Por eso he iniciado con esta introducción, porque resume mi forma de trabajar en general y es un buen preludio.

Yo soy un pintor de figuras, eso quiere decir que salvo exigencias del guion, no pinto animales, objeto o vehículos. Además esto se une a que la temática en la que me especializo es la histórica, lo que da como conclusión que casi todo mi trabajo se resume en pintar figuras humanas.

Para mi es imprescindible, cuando estoy pintando algún personaje, conferirle personalidad. En ocasiones es un personaje real, por lo que la tarea es sencilla, buscar información y leer sobre su andadura vital.

Sin embargo es más complejo cuando es una persona sin historia, inventada, entonces soy yo quien tengo que inventar su vida, su personalidad , su expresión.

Pensaréis, ¿todo este rollo para hablar de piel? Pues si, todo este rollo. La cara es el espejo del alma, mirando una cara puedes hacerte una idea de que intenciones tiene un sujeto, por este motivo, para mi es la parte más importante cuando trabajo.

Entonces, sea como sea siempre empiezo por la cara del personaje, porque necesito saber de el. Si nos centramos en el trabajo en una cara tenemos dos imprescindibles: los ojos, ya ahora si…la piel. Como afronto este trabajo pues casi siempre siguiendo un patrón, que se repite cada vez:

ABOCETADO EN IMPRIMACIÓN – CAPA BASE DE LA PIEL – OJOS – LUCES – SOMBRAS- TONOS Y CEJAS.

-El primer paso es sencillo. Imprimo la figura en negro y simulo con el aerógrafo y pintura blanca, la luz que deseo replicar en la escena. Parece un tópico, pero yo no hago esto sólo para que el blanco y el negro trabajen cuando pinto, no. Para mí es imprescindible tener una imagen mental de cómo actúa esa luz en la morfología del rostro, en cada línea de expresión, en cada arruga. Sin este paso no lograría entender el proyecto.

-El color base va a marcar el tono de piel. Imagino que raza, procedencia o peripecia ha tenido el protagonista y busco un color del que partir. Intento que este color base sea ya uno standard, o si lo fabrico yo, debe ser replicable fácilmente. Debemos poder tener el punto a mano en cualquier momento del trabajo, y este debe ser igual al color del que comenzamos.

-Los ojos…sin lugar a dudas la parte que más me gusta hacer de una figura. Hasta el punto de que no me importa dedicar un día entero de trabajo a ellos. Aquí esta parte del secreto de todo. Lo que hagas con la mirada va a marcar todo lo que va a representar la figura. Sorpresa, cansancio, miedo, alegría…todo esta en la mirada. Esta parte da para un capítulo concreto y no es este el propósito de la reflexión, así que lo dejaremos para otra ocasión.

-Vamos por la salsa del plato. Las luces. Sea como sea la cara, sin importar la escala, mi forma de trabajar es la misma siempre. Yo busco siempre la suavidad en la piel, intentando que no se noten las transiciones entre colores. El problema es que soy un pintor torpe, pero muy trabajador. Por este motivo trabajo haciendo muchas capas, aclarando muy poco a poco las capas de las luces e integrando cada capa una sobre la otra sin que se vean escalones. Para esto según me convenga utilizo veladuras o punteados, ya que mi trabajo es a pincel no con aerógrafo. Poco a poco, sin estridencias, buscando el realismo.

-Las sombras son una prolongación del paso anterior. Aquí, no suelo jugármela. Trabajo con la pintura muy diluida para tener mucho control sobre la pintura e insisto mucho. Es imprescindible aplicar, dejar secar y verificar antes de otra capa. Me gusta conseguir el contraste idóneo, dejando incluso pasar un día para tener una imagen limpia en mi mente de esas sombras. También saco la figura de la mesa de trabajo y la miro bajo otras luces, para ver si falta o no sombra. Mi trabajo es atípico en estos tiempos, no esta a la moda podríamos decir. No em gustan los fuertes contrastes y mi obsesión es la fluidez y sutileza. Como ya he dicho en la intro, no creo que haya una forma de pintar correcta porque todas lo son. Para mi la mia lo es, y al final pinto como a mí me gusta. No me dejo influenciar por otros trabajos, me inspiro, pero no cambian mi forma de ver el hobby.

-Ahora viene la guinda del pastel. Por muy bien que hayas hecho el trabajo de luces y sombras, la figura sigue pareciendo un muñeco. No nos confundamos, es un muñeco y no dejará de serlo…No soy Geppetto…no puedo transformar un trozo de resina en un niño de verdad (jajaja). Pero aun siendo algo artificial, hay que intentar que parezca más real. Son estas veladuras con colores, muchas veces impensables, los que dan vida. La barba incipiente, la corriente sanguínea, el cansancio, etc. son factores que tiñen nuestra piel hasta ser lo que en realidad son. Es aquí donde se logra.

-Por ultimo al leer mi guion habréis dicho….¿las cejas?…Pues sí, habéis leído bien. Es imposible hacerte una idea de como es una persona sin este complemento. La cara esta muy rara, sigue muerta. La cejas ayudan a interpretar una mirada y para mi es imprescindible verlas hechas para decir…Se acabó, ya tengo a mi personaje.

 
Es muy complicado resumir una forma de trabajar, ya que muchos trabajos requieren de cierta improvisación. Existen variaciones y nunca se trabaja dos veces igual una figura.  Aun siendo exactamente la misma.
 
Pero básicamente este en mi guion e intento seguirlo cuando trabajo. Espero que os haya servido algo de ayuda y vuelvo a repetiros que no hay una forma de trabajar correcta. Busca tu comodidad, encuentra tu forma y desarróllala. Aprende de los demas, completa tu manera pero no la cambies. Tu forma de pintar es la correcta, sólo le falta pulirse.

This is the End

2 Comments
  • Marc Riudor
    Posted at 13:52h, 24 agosto Responder

    Genial este post!

    • admin6512
      Posted at 21:38h, 27 agosto Responder

      Muchas gracias Marc 🙂

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